
http://www.youtube.com/watch?v=SO-gVufnJcE
El aire despliega sus alas para disfrutar del paisaje hermoso que se encuentra a su alrededor. Vivaz, místico y travieso no cesa de bromear con los arboles, haciéndoles cosquillas, de tirar al agua del lago a unas maduritas hojas, de ser la celestina de miles de flores, trasportándoles a sus amantes a la misma puerta del mundo magico. La locura es su adjetivo mas locuaz, tan solo se deja llevar por sus deseos, por sus juegos y esta vez le dejaron cerca del fuego mas abrasador.
Arrasa con todo lo que se encuentra en su camino, provocando un inmenso gozo o un reguero de destrucción. Solo el consigue que el aire desee descansar en tierra. Solo por el, el fuego se elevaría a los cielos.
Tan solo necesita bucear en las llamas de sus ojos, y en el aroma que su compañera, la brisa, le trae, para conocer sus más íntimos secretos. El aire le reta con complicados juegos que ponen su control al límite. La hoguera aumenta en llamaradas incontroladas, se extiende por los prados siguiendo al aire en un baile de dos cuerpos enloquecidos. Una conexión mágica que nos envuelve en una paisaje extraño, donde el cielo rojo anaranjado proclama un intenso sentimiento.
El fuego y el aire, una vez fueron amantes. Una irrefrenable atracción que tan solo pudo exterminar las lágrimas de los dioses, que vieron su reino marchito por un amor imposible.
En las noches de junio, todavía se escuchan las risas del aire al sentir las chispas del fuego en su esencia y los gemidos del fuego, al recorrer el aire su ser llenándole de frescura, calmando su calor.
El aire despliega sus alas para disfrutar del paisaje hermoso que se encuentra a su alrededor. Vivaz, místico y travieso no cesa de bromear con los arboles, haciéndoles cosquillas, de tirar al agua del lago a unas maduritas hojas, de ser la celestina de miles de flores, trasportándoles a sus amantes a la misma puerta del mundo magico. La locura es su adjetivo mas locuaz, tan solo se deja llevar por sus deseos, por sus juegos y esta vez le dejaron cerca del fuego mas abrasador.
Arrasa con todo lo que se encuentra en su camino, provocando un inmenso gozo o un reguero de destrucción. Solo el consigue que el aire desee descansar en tierra. Solo por el, el fuego se elevaría a los cielos.
Tan solo necesita bucear en las llamas de sus ojos, y en el aroma que su compañera, la brisa, le trae, para conocer sus más íntimos secretos. El aire le reta con complicados juegos que ponen su control al límite. La hoguera aumenta en llamaradas incontroladas, se extiende por los prados siguiendo al aire en un baile de dos cuerpos enloquecidos. Una conexión mágica que nos envuelve en una paisaje extraño, donde el cielo rojo anaranjado proclama un intenso sentimiento.
El fuego y el aire, una vez fueron amantes. Una irrefrenable atracción que tan solo pudo exterminar las lágrimas de los dioses, que vieron su reino marchito por un amor imposible.
En las noches de junio, todavía se escuchan las risas del aire al sentir las chispas del fuego en su esencia y los gemidos del fuego, al recorrer el aire su ser llenándole de frescura, calmando su calor.
Insthar Malar
(01/04/2009)