miércoles, 3 de junio de 2009

LUCIA

Un brillo mágico brota de mí ser, rejuveneciendo mi cuerpo y mi aura, que toma un color cálido y reluciente. No importa que maldad me lancen, pues rebotara en mi sonrisa y volverá convertida en rabia y envidia a su origen. Espero impaciente a mi pequeña luciernaga. Ella genera esta sensacion vertiginosa .

En esta noche, la luna me enseña su majestuosidad, su reluciente silueta, pero las nubes oscuras la rodean. En cualquier momento, ocultaran su belleza, su resplandor quedará cegado por el destino. Pero incluso cuando no pueda admirar la luna, ni las estrellas, cuando ya no pueda pasear entre los girasoles, cuando mi boca no recuerde su sabor, ni mi memoria su nombre.

Tan solo mis ancianas manos acariciaran el sillon, donde me encuentro, soñando en su piel ,mientras espero mi hora y con ella, su llegada. Un calor poseerá mi débil y maltrecho cuerpo. Pequeñas estallidos eclosionaron en las fibras de mis músculos, despertando a estos de un largo letargo. El corazón martilleara mi caja torácica, pidiendo con insistencia salir de allí. Mi respiración frenética y jadeante alertará a mis compañeros. Es la misma sensación .Aquel sentir al acercarse tu cuerpo al mío.

Me levanto de mi butaca y con torpes zancadas salgo al jardín. No reconozco su cara, ni esas curvas que, aun con mi vista cansada, se suponen peligrosas y dignas de recorrer muy despacio. No recuerdo su nombre, pero algo mas intenso no se ha marchado de mi mermada memoria. Ese sentimiento inexplicable y sincero.

Un brillo mágico brota de mí ser. Mi luciérnaga se acerca .La observo a lo lejos, mientras camina hacia mi. No puedo desviar la mirada. No puedo ocultar la luz que provoca en mí su alegre caminar, su tímida mirada. Mi cuerpo alborotado vibra sin poder dominar sus instintos. Me saluda con un guiño y un cantarín hola. De mi boca no se escucha nada, tan solo el aire silba en ese instante. Le acaricio su rostro y hago mía su dulce sonrisa.
Ha llegado mi hora, y ella esta allí conmigo. Una paz blanca y fresca se adueña de mi cansado cuerpo y de mi doliente alma. Me coge la mano.

“Nunca mas te soltare, preciosa luciérnaga”

Lucia. Ahora la recuerdo.

Aunque no la veas, sentirás su luz.

Insthar Malar

(09/01/2009)
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