sábado, 27 de junio de 2009

EL DESTINO

Mirando al mar, desde lo alto del faro, sentí que de mi piel se desvanecía la magia, el brillo que me hace resplandecer más que el sol. Sentí que mi corazón deseaba salir de mi pecho, defraudado por mis acciones. La tristeza comenzó a devorar mis órganos, secando mi apetito, borrando mi sonrisa, agujereando mis pulmones para que el oxigeno se escapara por ellos y así, no permitirme respirar, mi alma me dio la espalda recriminando mi actitud.Mirando al mar desde lo alto del faro, sentí que me abandonaba, que la soledad volvía a ser mi compañera de viaje, sentía que la alegría se marchaba, sentía que volvía para desaparecer. Se acercó, distante y reservado, palabras mudas volaban por el cielo hacia mí. Mi cuerpo paralizado despertó de repente, cuando mi corazón pego un salto en mi pecho instándome a actuar. Mis piernas caminaban solas hacia él, mis brazos le rodearon con ternura siguiendo las órdenes de mi corazón ,que había tomado el mando de mi cuerpo. Le miré con los ojos tocados por mis lágrimas. La tristeza reinaba en nuestros cuerpos, almas destinadas a volar separadas aunque con su lucha intentaban impedirlo.Aprisiono sus labios con los míos. Cierro los ojos, intentando ejercer toda la fuerza posible para que no se marche, en mi mente suplico que no deje de besarme. Despacio, muy despacio acaricio sus labios . Su boca baila un tango junto a mí, tierno hasta el delirio, sensual hasta el éxtasis, melancólico y ensordecedor. El silencio rige la torre del faro, pero mi alma solloza rindiéndose al destino. El último adiós a mi sonrisa, a mi luz, se fue tras un beso maravilloso, que recuerdo con tan solo cerrar mis ojos.
Insthar Malar

(11/03/2009)
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