sábado, 22 de agosto de 2026

CORROSIVO


 


 

Desde el primer segundo en que su boca acaparó mi mirada,

mi sistema nervioso expandió su poder por todo el espacio sideral.

Millones de «mini yo» querían romper mi piel para devorarlo.

Mientras, las neuronas de mi mente se quedaban embelesadas, 

descifrando cada mínimo gesto de sus cejas, de su lengua, 

esos pezones que buscaban libertad y que mi boca ansiaba.

 

Vendida. 

Desterrada del trono de mi razón por esa mirada 

que escondía miles de historias que necesitaba descubrir.

Sigo aquí, 

con una sonrisa en los labios, 

mientras me corroe un deseo irrefrenable 

de desnudarle el alma.

 

Cada mirada. 

Cada letra que emerge, retadora, de su garganta; 

esa que me lleva al precipicio de su pecho, 

donde se esconden sus pensamientos más íntimos...

 

Tres minutos y 38 segundos de una canción orgásmica, 

donde se activa profusamente el sistema límbico,

                                                                              el deseo.

Ahí.

Ahí estás.

 

Insthar

22/08/26 

DESPUES DEL RUIDO

DESPUES DEL RUIDO 

 

(Imprescindible leerlo bajo la influencia de Lebanon Hanover " Gallowdance")
 

Desde la primera luz de nuestra existencia, programamos nuestro sistema. Partiendo de una acción y en base a la reacción provocada, moldeamos nuestra imagen al mundo y, en consecuencia, nuestra personalidad temporal.

Como cambiamos de armario en cada estación, la única diferencia es que nuestras estaciones son más largas: años, décadas… Incluso alguna vez, no se cambia nunca de temporada.

Mantenemos patrones mientras obtenemos lo que buscamos. Comenzamos a cambiarlos cuando aquello que obtenemos deja de motivarnos.

Y, mientras tanto, intentamos mantener el equilibrio entre el cielo y el mar, siendo un horizonte desequilibrado y obtuso. Una línea que, de lejos, parece perfecta, pero que, de cerca, es un caos desbordado e histriónico.

Yin y yang. Blanco y negro. Y tú, en medio, decidiendo cuánto blanco hay en cada agujero negro al que caes.

Sopesando si los besos que te dan mitigan la quemazón de los mordiscos.

Con una varilla de radiestesia, pendiente de encontrar agua, así seguimos buscando el equilibrio.

Y cuando el equilibrio se pierde, ya no hay blanco ni negro. Todo se impregna de un gris absorto, pegajoso y asfixiante.

Y ahí comienza el reto.

Separar las hojas de la paja. Buscar bajo los colchones los guisantes mágicos. Volver a poner cada piedra en su lugar, en el jardín japonés de tu alma.

Y todo ello entre mil demonios sudando anfetas mientras bailan trance.

Y, por supuesto, esos monos orquesta, que no paran ni un segundo. Ni siquiera cuando te perforas los tímpanos albergando el delirio de dejar de escucharlos.

Es en ese preciso instante, cuando quieres dejar de ser el horizonte amargo, cuando quieres dejar de ser el equilibrio, cuando buscas la explosión de tu anatomía e impregnarte de ese gris para dejar de ser una línea y convertirte, simplemente, en materia acompañada e inerte.

Con la única misión de mantener tu color.

Sin equilibrio.

Sin contenciones.

Simplemente materia inerte.

Y una tarde, cuando parece que el motor de tu cuerpo colapsó y se paró, despiertas.

Y lo haces sobresaltada por el sonido de una cimitarra cortando el aire, tras rebanar las chispeantes cabezas de los monos orquesta.

Al tiempo que un bazooka les revienta los tres estómagos a los demonios apocalípticos.

Todavía no reina el silencio.

Pero las chicharras son música celestial después del infierno auditivo.

Esto no ha acabado.

Pero, por lo menos, tienes un nuevo disfraz.

 

Insthar 

22/08/2026 

viernes, 21 de agosto de 2026

COMO PERROS...


 


Le sostuvo la mirada más tiempo del politicamente correcto, 

 

a menos que lo que busques sea, terminar encima de ella. 

 

Y, los segundos que miró sus labios, 

 

que mantuvo la mirada,

 

 sobrepasaron con creces lo estipulado. 

 

Del interior de su cuerpo ,emergió un grito sordo que revolvía sus entrañas.

 

 El deseo devoraba su sistema nervioso. 

 

Sin desviar la atención en ella, 

 

caminó en su dirección 

 

con una cadencia milimétricamente estudiada. 

 

Incluso, al cambiar la chaqueta de brazo

 

 conseguía un halo de sensualidad 

 

que hacía humedecer intimidades. 

 

Frente a ella, 

 

tan solo tuvo que rozar con el dorso de su mano su mejilla, 

 

para que ella volara a su cama. 

 

Y, como decía la canción, “se lamieran las heridas como perros”. 

 

En cada frenético beso, 

 

ella lo adhería más a su anhelo. 

 

En cambio, mientras él lamía su sexo, más se alejaba de allí. 

 

A la mañana siguiente, sostendrían en pulso, una sonrisa

 

 y una resaca que asfixiaba su alma. 

 

 Él la volvería a llamar para poder viajar lejos de sus recuerdos, 

 

ella, dibujaría corazones en la arena, esperando su llamada.

 

Y es que, los perros, siguen lamiendo sus heridas, 

 

hasta ponerselas en carne viva…

 

Insthar

21/08/26 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

UTOPIA




https://youtu.be/7fWVV-yxd3Q


Sus pies eran masajeados por el agua del mar. 

Aún sobre grandes piedras era capaz de disfrutar de la frescura del agua de marzo.

Incluso, alguna osada alga, le acarició sin permiso. Algo que la sobresaltó por un ínfimo momento. 


Levantó su mirada, del universo paralelo al que había escapado, 


justo en el instante en el que una red de pesca, la atrapó. 


Ahora el masaje lo sentía por todo su cuerpo, se sentía flotar, 


a pesar de que el agua salada, desbordaba sus pulmones. 


Pero incluso, los golpes con las rocas del fondo marino, 


las sentía como una fusión enigmática y maravillosa


 de esa nueva pasión que eran las profundidades. 


A veces, heladas, otras especialmente soñadoras e idílicas. 


Apenas se veía la luz de la superficie, las aguas eran negras y muy frías, 


pero ella conseguía mantener el corazón ardiente.


Un fervor arrollador e infinitamente soñador, que le anclaba al mar. 


Transcurridos un tiempo, llegaron a lo mas profundo de ese bello escenario. 


La red que le abrazada de lejos, desapareció. 


La luz era una quimera en esas oquedades olvidadas, 


apenas nada paseaba por allí, tan solo había frio y soledad. 


En ese travesía, aprendió a respirar bajo el agua, a comer plancton, 


incluso a nadar sin mover sus extremidades, pero nada fue suficiente, 


porque no nadaba como  un pez, si no como una sirena. 


Incluso, aprendiendo todos los secretos de los peces, nunca fue uno de ellos, 


siempre fue una humana con cola de pez y  enamorada de las utopias. 


De aquella creencia vana de lo que quieres solo necesita más trabajo, 


más ímpetu ,mas tú. 


Curiosamente, llegando a ausentarte de ti. 


Porque cuando debes de perder tu esencia para conseguir lo que deseas, 


quizás dejas de ser tú para disfrazarte de aquello que te quieres demostrar. 


Rodeada de vacío, negrura, y desilusión, abrió los ojos, estiró los brazos, 

 

y comenzó a nadar. 


No veía la luz pero si sentía su destino. 


Y, a pesar, de que boqueaba como una caballa moribunda , 


consiguió llegar a la playa. 


Tardo mucho tiempo, en poder caminar como antaño. 


La respiración entrecortada, le transportaba a ese tiempo mecida por la marea. 


Los pulmones no podían coger aire, pues anhelaban la sal. 


Toda esa sal que había guardado en su cuerpo salió por sus ojos. 


Lágrimas que surcaron sus mejillas, hasta caer en su pecho, 


aquellos que había sido amados en otros tiempos. 


Muchas lágrimas murieron en su piel, otras en la arena, 


algunas todavía no han caído pero caerán. 


Porque si algo te enseñan las lagrimas es que drenan tus sinsabores, 


hasta volver a dejar un jardín bajo tu piel, 


un hermoso terreno con un riachuelo donde fluya el agua, 


entre rocas y pequeñas cascadas, incluso duendes que se tiren de cabeza desde la orilla, 


o hadas que hagan rafting con hojas de platanero. 


Y todo eso, vive bajo mi piel, a pesar de que una vez, baje a las profundidades del mar. 


Siempre que tengas una dirección, un destino , no estarás perdido. 


Quizás dirijas tu atención a la dirección equivocada, 


pero mientras tus pies, 


indiquen tu horizonte, 


no estarás perdido.


Insthar

19/08/26