jueves, 19 de marzo de 2015

DULCE...


Nunca se le dieron bien las palabras.Apenas habló en su infancia. Médicos y especialistas estudiaron sus cuerdas vocales, sus conexiones neuronales, incluso le estiraron del dedo gordo de lamano izquierda, por si desencadenaba un torrente de palabras. Todas aquellas que había callado. Todas las que debía al mundo, a ese mundo que no podía ver los luminosos, colgando de su diafragma, o los delfines saltar entre los pasos de cebra que comunicaban un pulmon con otro.
Una tarde, paseando con su madre, un mimo la vió y corrió hacia ella. Le regaló una flor ,de esas que solo se ven con la imaginación, y la bañó en besos de mercromina, rojos y que caían flotando como en cuentagotas. Le hizó un truco de magia, y ella, por fín sonrió. Se olvidó de silencio pesados, de salas de espera, y de no ser lo que se espera.
El mimo, alejó a la madre, anonadada pero entusiasmada, pues...su hija brillaba¡¡.
La cogió de los hombros y la hizo girar ,con los brazos estirados ondeando en el espacio, La desenroscó y la  destapó,dejando su parte superior a un lado y a buen reacudo. Se recolocó los guantes, y comenzó la intervención.  Como si fuera un bote de leche condensada, despegó el precinto con sumo cuidado y volvió a colocar  el dosificador, los hombros giraron con el aleteo de sus brazos y se cerró.
Entonces sonrió. Con los ojos, con las manos y con la voz...tan dulce como la leche condensada... Insthar
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