lunes, 3 de mayo de 2010

CRÓNICAS DE LA ORDEN BARRFET III : MERCADO DE LAS PRIMERAS NIEVES



En la plaza comenzaba el ajetreo de los comerciantes que preparaban sus puestos en el mercado que se hacía al llegar las primeras nevadas. A pesar del frío que hacía ya en esta época, lucía un sol radiante que calentaba los anquilosados cuerpos de los vecinos del pueblo.

La ausencia de Shenta, que había viajado a las tierras cálidas de Sahur en busca de valientes soldados hur, a los que su coraje en el campo de batalla y su hombría en la alcoba les precedía, se dejaba sentir.

Los demás guerreros rondaban el mercado en busca de provisiones. A pesar de las ya conseguidas en su campaña, necesitaban monedas de plata para el fatigoso viaje. Y para ello, la pizpireta Karwen había elaborado un delicioso pastel junto con Vivian de Mesthor que también colaboraba con delicias del norte de Belguiur. La rivalidad era notable e intentaban robarse clientes mutuamente con viles tácticas. Al principio sigilosas y cubiertas con una sonrisa. Más tarde, volaban las afrentas entre las cabezas de los allí congregados. Entre ellas y para apaciguar los ánimos, Lamarys, que al llegar el sol a su punto mas alto y harta de intentar esquivar los rayos que desprendían las miradas de las contrincantes, asió su hacha y con llamas en los ojos grito: “Os rebanaré el pescuezo como no dejéis de pelear”. Por un momento se quedó toda la plaza en silencio observando atónitos a la casi siempre dulce Lamarys que había sacado su poder maligno de paseo.

Unas carcajadas rompieron el silencio atronador del momento. Eran Jostor y Shymor que correteaban tras unas jóvenes elfas nuevas en la ciudad. Estos avispados guerreros consiguieron la reprimenda del príncipe Pittel, aunque tan solo fuese para tener el camino libre para sí mismo.

Mientras los “fieros “guerreros corrían tras las joviales jovencitas, Belya se acercaba a cualquier persona en busca de un poco de esencia mágica. Tenía la certeza de que algún ser especial se escondía bajo una desapercibida forma humana. Se acercaba con los ojos desorbitados, las manos juntas y pegadas al pecho, y les olfateaba el cuello, donde se encontraba lo que ansiaba. Los lugareños se apartaban de ella, pues no entendían su reacción, ya que al no encontrar lo que buscaba emitía un bufido y una mueca de desprecio asomaba a su rostro. Pero consiguió encontrar algo y entonces una sonrisa le iluminó la cara como a una niña feliz. Vio en la forma de una abuela a una hada de los bosques; un campesino escondía la esencia de un duende. Y así, consiguió hacerse con las esencias de dos seres mágicos, las cuales utilizaría para la gran batalla.

Hanna e Insthar aprovecharon para recorrer los bosques cercanos en busca de plantas, setas, y una flor morada para uno de sus hechizos. Mientras la hechicera recogía diente de león, tomillo, alufya y fredium, Hanna inspeccionaba el lugar por si algún intrépido bandolero se atrevía a asaltarles. Cuando ya volvían al mercado, el malhumorado Borjathan apareció en su camino. Hanna con sus voluminosos pechos que entorpecían sus movimientos, puso sus espadas en guardia y preguntó su destino al maléfico diablo. Éste, acompañado por su rabioso can con dulce nombre, buscaba la ayuda de la hechicera y sus plantas medicinales. Hanna sin bajar las espadas escuchaba junto a Insthar la historia de Borjathan. Una pérfida Lamarys le había arrebatado el amor de Jandrya y quería volver a recuperarla. Para ello necesitaba la inestimable ayuda de los hechizos afamados de la hechicera. Insthar, tras escuchar atentamente al rey del infierno, apoyó su mano en su pecho y lo escuchó detenidamente. El corazón del parlanchín y malvado Borjathan lloraba desconsolado por la pérdida de Jandrya. Insthar sacó de su zurrón una preciosa flor roja y se la entregó con estas palabras: “si le entregas esta flor a tu amada y muestras tu corazón limpio de maldad, ella se unirá a ti. Si no lo haces, el mundo de la nigromancia te impedirá conocer los honorarios de todo aquel que te cruces en tu camino. Suerte”

Insthar y Hanna volvieron sonriendo al pueblo mientras Borjathan iba en busca de su Jandrya. En el mercado, se encontraban los altos mandos de la Orden buscando ayuda para la misión. Jhoanna, mientras engullía churros, le hacia ojitos a Galletita, que desprendía una lágrima por el infortunio de su compañero, el churro. Jostor había cazado a un duende con el arte de masajear la barbilla y producir una relajación impagable. Shymor, con su sonrisa perenne, buscaba una elfa que tuviera las dotes del duende de Jostor. Petrus y Pittel, recordaban batallas ilustres mientras mojaban sus gaznates con aguamiel de la montaña. Y Pulhar de Mesthor convencía a los extranjeros para que saborearan el pastel de Vivian con la finalidad de que éste ganara, y así conseguir la felicidad de su amada.

Todos arrimaron el hombro en busca de víveres para el gran momento, en un ambiente de jolgorio y risas. Mientras muy lejos de allí, Shenta comprobaba la veracidad de la fama de los guerreros Shur.
Publicar un comentario