sábado, 8 de mayo de 2010

SAKURA

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Una mañana de mayo, al alba se escucharon la sonrisa fresca de un bebe recién nacido. A las puertas de la habitación , su padre maldecia su suerte porque esa preciosa niña que abría sus profundos ojos oscuros al mundo.
Su madre, con lágrimas en los ojos, la cogió en sus brazos, ante la palpitante idea de acabar con su vida en ese preciso instante, pues no seria mejor la que le esperaba. Pero de la nada, una sonrosada flor de cerezo se posó en su hombro hasta desvanecerse en su piel, dibujando sus tonalidades, su esencia en la pequeña niña, que tan solo sonreía sin atisbar  el camino que le esperaba. Un regalo de los dioses que despego los malos pensamientos de la madre.
Renegada de los abrazos de su padre, anclada al ostracismo ,a la mas cruda soledad desde bebe. Al cumplir los dos años fue vendida a unos empresarios de la ciudad por varios sacos de arroz y unos monedas de cobre. Paso su infancia en un colegio, donde aprendió con sutileza a acariciar las cuerdas del Shamisen convirtiéndose en una virtuosa, a deslizarse como el trigo bajo la brisa en los bailes tradicionales, incluso la ceremonia japonesa del té. Pasaron los años, aprendiendo un oficio, siendo una joven triste con el único objetivo de erigirse como la mas prestigiosa gueisha de Japón.
La tranquilidad emanaba de su ser como las flores de cerezo se mecen en una tarde de mayo, su mirada apaciguaba los temores de los que se bañaban en ella, sus delicadas manos como suave seda tocaba la fina cerámica fascinando a miradas desconocidas.
Una noche, caminaba por las estrechas calles de la ciudad, cuando un nauseabundo olor penetró en su diminuta nariz, evocándola a tiempos olvidados, rememorando sin remisión momentos despiadados.
Su cuerpo joven se estremecía de miedo bajo la gran mole de su amo. Sudoroso, apretaba su orondo cuerpo contra ella, mientras sus regordetas manos cogían con fuerza su rostro para robarle su inocente esencia. Sus manos bofeteaban sin suerte las carnes de un depredador , sus piernas ejercían una fuerza inusitada para una niña ,aprisionando sueños románticos rasgados por un pestilente salvaje.
El dolor fue infinito cuando el indeseable clavó su daga en el alma de la pequeña, cuando hirió de muerte las fantasias de una bella sakura, cuando apagó la ilusión de un hada, cunado apagó la luz rosada que emergía de su piel. Esa pequeña flor de cerezo cayó de su rama, ante la fuerza y crueldad , de un animal.
Paralizada en mitad de la calle, no escuchaba el claxon de los coches que la instaban furiosos a que apartara su diminuto cuerpo del empedrado . Algo en su interior cambió, la flor de cerezo renació a base de ira ,rabia y violencia contenida. Mucho tiempo había pasado pero el tacto de sus manos en su piel todavía le quemaba las entrañas. Un grito desgarrador se fundió en la noche, tras el vuelo asustado de cientos de murciélagos que ocultos en la noche ,vigilaban los pasos de los transeúntes.
Algo cambió en su porte, apareció el instinto y la venganza...
Continuará

Insthar
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