domingo, 2 de mayo de 2010

BANDIDA



El sonido del tacón de sus botas contra la madera del bar, acrecentaba la expectación de su entrada. La llegada de un nuevo jinete, había corrido como la pólvora por las calurosas calles del poblado.
Todos los cuatreros miraban la puerta conteniendo la respiración, mientras en su mano reposaba inquieto el vaso de bourbon, cuando entró ella. Bajo su sombrero se escondía la mirada más turbadora que cualquiera de los allí presentes, había podido imaginar en sus húmedos sueños. En un instante, el ruido sucumbió a una belleza exuberante y poderosa, de cintura estrecha, flanqueada por dos pistolas oscuras, como su pelo.
Se quitó el sombrero dejando suelta la melena azabache, que tapó su espalda, se desabrochó el chaleco que ensalzaba su esbelta figura, y se dirigió decidida a la barra.
- Un bourbon…; le dijo al tabernero
En la espera se giró y apoyando sus codos en la barra, miró a cada uno de los que allí estaban, hasta fijar su mirada en un vaquero, de oscuro vestir ,que la observaba desde el final de la barra. No tardaron en acercarse a ella, galanes de medio pelo, buscando en sus caderas una melodía, que esa noche no escucharían. El roce de una ruda mano por la tersa piel de su cuello, encontró una gélida mirada y la delicada mano de ella en sus partes nobles, mientras la giraba en ciento ochenta grados, amenazando el preciado tesoro de la corona. Ese "valiente" jinete volvió constricto a su mesa, reinando el silencio cuando minutos antes,se escuchaban sus insulsas palabras ante la  Bandida.
Al girarse a coger su anhelado trago se encontró con un nuevo pretendiente …

-También quieres perder las palabras ¿? : le dijo ella malhumorada, pero manteniendo el control.
- Esta noche, haré que tu las pierdas, pequeña.: le dijo el vaquero muy seguro de su atractivo. 
-Humm, no estaría tan segura…: con una vacilante sonrisa le miró lascivamente a los ojos, provocando en él un terremoto inconmensurable en su cuerpo.

Había caído en sus garras,.En un segundo había lanzado su lazo y había cazado el corazón de aquel jinete oscuro, ni siquiera se había percatado de que se había adentrado como las brujas por sus ojos.Había descendido por su garganta hasta el tórax y tras dar tres vueltas a su lazo por encima de su cabeza, lo lanzó certeramente donde descansaba su corazón ,arrastrándolo hasta su propia mano.

Él la volvió a mirar, asombrado por la carcajada que retumbaba en su sien, tan solo encontró una picara mueca en su rostro, hasta que su mirada le mostró lo que había ocurrido . El corazón palpitante y ardiente de ese vaquero, permanecía sobre la barra,mientras ella lo acariciaba suavemente.
Se acercó , a su pálido jinete y le mordió el labio dándole la mínima energía para pasar esa noche y se marchó con el ritminco sonido de sus espuelas.
Caminó hacia la puerta, con la recompensa en sus alforjas.
Él, herido de muerte, rezaba porque ella volviera . Sentía como cada gota emanaba del hueco de su corazón, como la respiración cada vez era más enloquecida. Sus manos adormecidas por la ausencia de su piel. En su boca latía con fuerza el mordisco que le había regalado. Gritaba con furia, hasta caer perdido en el sucio suelo de la taberna, ante la sorprendida mirada de los demás vaqueros, que veían como se desvanecía su vida.
Allí paso la noche, entre sueños en los que la unica protagonista era su bandida, aquella que con una mirada le había robado el corazón. Susurraba su nombre, deseando que el viento los llevará a sus oídos, que ella volviera para devolverle la vida que le había arrebatado. A la mañana siguiente, resonaron a lo lejos sus botas, una cadencia inigualable, sexy e imponente. Tan solo con su caminar, resucitaba el alma perdida del joven jinete. Abrió los ojos, y la vio frente a el .
Comenzó a desabrocharse la camisa que tapaba sus sugerentes pechos, se acercó a su oído y con una melodía que despertaba a los dioses, le dijo:
-Esta noche, volarás….
Dejo su corazón nuevamente en el pecho y le insto a seguirla, al piso de arriba.



Una noche donde la luna fue testigo de una danza brutal de dos cuerpos ansiosos por amarse. Caricias infinitas que desbordaron la estancia de lujuria, besos que se perdieron entre las fuertes piernas de ella, mordiscos que marcaron el camino recorrido por el deseo. El deseo de poseerse, de reinar en el alma del otro hasta que la oscuridad los alcance. Rozaron el cielo para caer en picado al infierno mas ardiente, donde sus lenguas bailaban una danza extremadamente peligrosa y sensual.
El sol iluminaba su rostro mientras el ajetreo del pueblo comenzaba a bullir . Despertó sobresaltado con el sabor picante en sus labios, de esa mujer que le había enloquecido. Se tocó su pecho ….. y constató lo que ya sabia. Su corazón se había marchado con ella.
Tan solo, le quedaba esperar… a que ese vacío en su pecho volviera ocuparse.

Insthar


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