sábado, 1 de mayo de 2010

CRÓNICAS DE LA ORDEN BARRFET IX : MAGIA


En el mes del Rey sol muchos trovadores nos visitan en la celebración de la magia. Toda la Orden, anfitriones de esta noche de fiesta, bajo el influjo de las estrellas, regará los gaznates de los sedientos trovadores que con su imaginación nos harán volar por mil aventuras y levantarán las almas de los magos con dulces cantos que los arrastrarán a danzar bajo la luna.

Mientras el sol se va escondiendo tras las montañas, un pequeño contingente barrufet marcha eufórico hacia el claro del bosque donde se dará la bienvenida a los visitantes. Gengius, más conocido como galletita, abría la comitiva con paso acelerado y frenético. La excitación por esa noche le había marcado a fuego en su rostro una sonrisa y en sus nalgas un cohete, que llevaba a remolque a los demás. Jhoanna, con una incesante conversación, ponía música al camino; Jandrya, que últimamente había sacado todo su genio, comenzaba a mirarla con malos pensamientos. Lamarys, revoloteaba por entre la gente, extasiada de tanta alma incauta de quien apoderarse. Karwen, con su inocente mirada, se paraba en cada esquina a acariciar a los animalitos que encontraba hasta que Jostor, con su inmensa anatomía y sus fuertes pisadas, los asustaba, recibiendo la reprimenda de la rabiosa Jandrya. Insthar, ensimismada en las últimas pociones, flotaba hacia el claro percibiendo la enorme energía de los allí presentes.

La cólera se apoderaba por momentos de Jandrya que, encargada de ofrecer el collar de bayas a los magos ilustres, se encontraba con la apatía y malos modos de algunos de ellos, lo que nos llevó a dejarla en los poderosos y cálidos brazos de Jostor, por la seguridad de los invitados.

Una vez dimos la bienvenida a todos ellos con vítores y simpáticos cantos de nuestro pueblo, volvimos a la plaza de la aldea donde encontramos a los demás, que comenzaban a degustar como salvajes las viandas de las que nos aprovisionó la taberna de la aldea.

Una vez repletos los buches y las gargantas saciadas, la música comenzó a sonar gracias al hombre orquesta, Guilleminator que, con un baile atípico, ponía melodía a la noche.

Ya pasada la medianoche, cuando la luna regía soberbia sobre nosotros, comenzaban a bullir las calles centrales de la aldea, llamados por el aroma a aguamiel y las estruendosas notas de Guilleminator. Tras la exaltación de la magia en el claro del bosque, todos llegaron sedientos a la plaza, donde con gran habilidad Joslun y Jostor servían las bebidas típicas, banna y aguamiel. Por otro lado los príncipes Pittel, Yauis y Jiné, junto con Petrus, se ponían de acuerdo en la correcta administración del banna. Unos decían que con una pizca de savia de roble y otros que con una pizca de canela. En definitiva fueron mayoría los que optaron en buscar ayuda en Jostor, y Joslun sin que los demás se percataran.

La familia De Mesthor, con la pequeña Aylha al mando, pusieron firmes a los invitados sirviendo lo que ellos deseaban, pues si recibían alguna queja enseñaban con ferocidad sus armas.

Todo iba como la seda: un ambiente magnifico, bebida que desbordaba a los presentes y una cálida noche… Pero no todo podía ser maravilloso. Jiné, debido a su abuso del aguamiel, fue poseído por el demonio de la locura y comenzó a lanzar piropos a las rubias. Pronto encontró consuelo en la compañía de Shymor y Jostor que se unieron a el para tal distracción. Mientras Karwen flotaba por el lugar repartiendo cariño y aguamiel. Pero el jolgorio llegó a su fin cuando estos tres bribones toparon con las más temidas guerreras cansadas de sus juveniles bromas. Hanna, Shenta y la colérica Jandrya sacaron sus dagas ante los alegres ojos de los insensatos, que seguían con sus risas. Ellos no podían temer a tres mujeres. Sólo cuando Hanna agarró los tesoros escondidos de Giné y con la daga en su garganta le miró desafiante, no acallaron las risas. Shenta retorcía con saña los pezones de Shymor, haciéndole caer de dolor al suelo. Jostor, un poco más cabal que los demás, se excusó rápidamente cuando vio acercarse a Jandrya echando espuma por la boca mientras maldecía con palabras ininteligibles al universo.

Mientras, absorto en un disfrute infinito, se encontraba Galletita con su adorable Jhoanna, que cual saltamontes iban de un lugar a otro entre la gente con movimientos extraños y eléctricos. Después se supo que habían probado una poción de Insthar que les desinhibía totalmente. La base de la formula, la micción de un mono verde.

La noche llegaba a su fin. Los invitados volvían a su hospedaje mientras la orden recogía todo de lugar. Pocos fueron los que aguantaron para darle la bienvenida al sol. Tan solo siete valientes hicieron acopio de energías a la vera del lago, con los frutos de un monje extranjero.

Insthar



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