sábado, 22 de mayo de 2010

ILUMINADA



No escucharás mis gritos, ni siquiera mis temores, no tendrás acceso a mis sentimientos, a mi dolor. Lugar vetado, para todo aquel que pueda romper mis hojas escritas, manchar de café las anécdotas, que mi mente recuerda con cariño o garabatear sobre mis sueños de papel. Paso restringido para aquellos que no respiren el aroma de las flores y tan solo se queden con su hermosura lejana, aquéllos que su piel no es suave, que la recubre cientos de espinas que hieren al que se acerca. Rio sin puente, sin piedras por las que traspasarlo para entrar en un mundo único, en el que se conocerán cientos de extrañas criaturas que narrarán por mis labios las mejores historias, o sentirán simples vacios repletos de palabras, de sabores que te trasportarán a lugares inciertos pero increíbles.
No escucharás lamentos, ni llantos, no encontrarás las huellas de mi decepción en mi rostro, ni el camino de las lagrimas que se derramaron ante la impotencia o la soledad. No encontraras marcas de mi debilidad o mi emoción. Tan solo verás a una mujer que con paso decidido y sin vacilar mira al horizonte, con una misión básica y primordial.
Quiero sentirme iluminada…
Mis pisadas hacen temblar a la tierra que piso, por la fuerza que imprimen, por el coraje que muestran con tan solo levantar un pie y adelantar al otro. Mis hombros erguidos muestran mi actitud, no encontrarás ningún resquicio por donde desmontar esta armadura. No encontrarás el botón que apague esta máquina.
Camino trasportada por mis sueños, mis ilusiones y mi sonrisa, aunque sobre mi piel descansan flechas de cristal que caídas del cielo o lanzadas por indios de largas plumas, han topado con la coraza de mi cuerpo.
Siguen clavadas en mi carne ,esperando el momento en el que aliviar su dolor. Las raíces que me impiden avanzar con rapidez, se agarran a mis tobillos temiendo el instante en que corte sus brazos.La sangre de los que cayeron frente a mi por su traición, me recuerda que la única bandera es la bondad, la claridad de una esencia pura. Mis pies descalzos caminan sobre piedras de aristas hirientes, que me avisan de la llegada al paraíso. El último reducto, el último sufrimiento absurdo antes de descansar en las apacibles aguas de mi mar.
 Allí donde el sol recarga mi luz, y la sal cierra mis heridas dejando una huella imborrable, el agua liquida los restos de las traiciones, de las decepciones, de las colmillos que un día penetraron en mi alma, abriéndome los ojos ante el mundo que ocultaba una capa de colores brillantes.
Bajo esa capa y con muchas mascaras se esconden….las flechas de cristal.
No escucharás mis gritos… tan solo verás una luz que cegará tu ira.
Quiero sentirme iluminada…

Insthar
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