sábado, 1 de mayo de 2010

CRÓNICAS DE LA ORDEN BARRFET X : LA NOCHE MOUJI


Caminó bajo el cruel sol, por los bosques más abruptos y sobrevivió a los ataques de grandes fieras e insistentes insectos, hasta llegar a la aldea de nuestra Orden. Su tez oscura curtida en las áridas tierras del sur y sus profundos ojos, nos muestran otra cultura, otro mundo, desconocido para nosotros y que ansiábamos descubrir.

La bienvenida fue multitudinaria, todos los habitantes de la aldea se congregan en la plaza, para observar y bendecir al misterioso kouko, como se conocen a los bienaventurados que arriban a nuestro valle.

Gengius presentó sus respetos acompañados de su amada Jhoanna. Tras las primeras conversaciones y gracias a Jostor, que debido a sus viajes por todo el mundo, conocía la lengua nativa de Jhitou, conocimos la procedencia de este joven y su rango en su tribu. Jhitou, era el brujo de una aldea que lindaba con la comarca del rio rojo, lejos de aquí. Había emigrado, buscando un lugar donde comenzar una nueva vida, con sus quince mujeres y gran parte de su poblado. Su aldea estaba quedándose sin suministros de agua y debía encontrar un buen lugar para su tribu. Este, ante la amabilidad y la cortesía de la orden, les ofreció realizar una ceremonia, donde liberar las almas oscuras y bendecir la tierra. Tan solo necesitaría el jugo de diez raíces de banna, varias hierbas de hojas verdes y su ingrediente secreto. En su elaboración, tan solo necesitó la ayuda de un hombre de potentes brazos y grandes pectorales. Y sin duda, teníamos a la persona idónea. Joslun saludó al brujo del sur y siguió sus directrices, hasta conseguir el mejunje de refrescante sabor.

Fueron las bellas damas, las que repartieron tan exótico brebaje, observando pronto los efectos que provocaron en los allí presentes. Los térreos vestidos se convirtieron en blancas túnicas, que se dejaban llevar por la brisa de la noche. Los ojos permanecían cerrados mientras al son de los tambores imaginarios, se liberaba el alma que flotaba en el cielo, al tiempo que el cuerpo danzaba alocado en contacto con la tierra.

Era tal la evasión de la vergüenza con el mouji ,que un chispeante Giné le mostró su gratitud por tal experiencia al brujo, acariciándole enérgicamente su zona mas prominente, generando en este una inquietud, qué le apartaría durante el trascurso de la ceremonia, de las atrevidas manos de nuestro Giné.

El mouji, regaba la timidez de los guerreros transformándola en osadía, locura y frenesí. Las insinuantes guerreras movían sus caderas, al ritmo frenético de los tambores de Jostor, hechizando a los guerreros, que se afanaban en producir más mouji, con el fin de enloquecerlas, hasta conseguir de ellas la magia que escondían bajo esas sensuales túnicas blancas.

Con el lago cristalino a sus pies, la aldea al completo disfruto de los placeres, rieron hasta caer agotados, amaron hasta secar sus labios. Los gritos de euforia despertaron a la luna, que molesta, dio paso al sol. Con sus primeros rayos, se vieron las huellas de una noche magnifica donde todos disfrutamos y donde un brujo del sur nos regaló la luz, que nos guiará en este camino de sombras.
Insthar















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