sábado, 1 de mayo de 2010

CRÓNICAS DE LA ORDEN BARRFET VIII : AZAR



Hacía semanas que las guerreras buscaban a las jóvenes más bellas y puras, que honrarían al Gran Barrufet en su ascensión a la tierra media. Tras un arduo trabajo destacaron, entre todas, a diecinueve jóvenes y niñas de las que el azar elegiría en esa noche a la reina, que acompañaría al gran Dios como adoración a su bondad con este pueblo.

Las bellas jóvenes lucían sus mejores túnicas, elaboradas a mano, con níveas perlas del mar adruico, con hilo de oro de Mesopotamia y piedras preciosas que brillarían en sugerentes escotes. Todo lo que esas damas obsequiasen a su figura, se vería oculta por la hermosura de sus rostros y la luz de su juventud.

Mientras Hanna, Jandrya y Shenta calmaban los nervios de las jóvenes, una elegante Lamarys junto al atractivo Shymor daban la bienvenida a los aldeanos, ansiosos por descubrir a las elegidas. Como era norma debían escenificar tradiciones ancestrales de esta aldea. Esa labor recayó en las grandes habilidades de Jhoanna capaz de seducir a cualquier ser humano con su enigmática mirada, Pulhar de Mesthor que además de una furia incontrolable, demostraba una gran sentido del humor, Jostor que con su imponente figura recreaba a un jovenzuelo pecoso de una manera impecable junto a Insthar, la hechicera, que gracias a sus hechizos representaba cualquier personaje como si estuviera poseída por su espíritu.

Tras una gran actuación las risas resonaban en el bosque ahuyentando los malos espíritus y las bestias pardas. Había llegado el momento. La música retumbaba en la plaza. Las jóvenes comenzaron a desfilar por un camino repleto de pétalos de flores. La admiración flotaba en el ambiente como burbujas de jabón. Sorprendidos susurros elevaban la magia del momento.

Teníamos delante de nosotros a las elegidas de donde el azar, que de la mano de una estrella caída del cielo nos brindaría el honor de conocer la identidad de las reinas esa noche. Y la luz se hizo: un pequeño destello azul cayó delicadamente en las manos de la joven de mirada inocente y tranquila. Christina guardaba en su mano el cuerpo de una estrella azul, aquella que le otorgaba el valioso poder de erigirse como Reina de luz, la más joven. La algarabía se escampó por el lugar, elevando la alegría hasta el cielo. Tras unos minutos, una estrella roja potente y enérgica, cayó sobre la bella María, a la que esta estrella le otorgó el poder de la valentía para el arduo camino que le esperaba. Reina de fuego, su llama calmaría el temor y elevaría las pasiones perdidas.

Una explosión de alegría arrastró a toda la aldea a una fiesta que agotaría la noche y que daría lugar a una nueva etapa, una nueva misión. Amanecía un nuevo día.
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