La noche se hizo espesa a su alrededor. Apenas podía ver por donde caminaba. Sombras lúgubres conseguían detenerle incluso alterar su ritmo cardíaco , cayendo en la nada, al descubrir en ellas ,peligros que solo habitaban en su mente.
Avanzaba lentamente, sintiendo como el oxigeno se quedaba anclado en su tráquea, sin llegar a hinchar sus pulmones, como si la oscuridad le estuviera oprimiendo su garganta, evitándole respirar.
Se sentía malhumorado, agotado por no ser capaz de avanzar en su camino y conseguir disfrutar del amanecer.
Seguía atrapado en la noche, la impotencia impregnada de negrura.
En su desesperación, una luciérnaga se posó en su nariz. Intentó quitársela, soplándole pero nada hacía. Cada intento era más infructuoso, pero aumentaba su intención en conseguir su cometido. Cogió tanto oxigeno que deshizo el nudo de su garganta, y le sopló con la fuerza de un huracán. La luciérnaga se marchó .... y sus propias manos que antes oprimían su cuello, también. Respiraba y vivía.
La luciérnaga se posó nuevamente en su oreja y le dijo....
- Nos vemos en los sueños... disfruta del amanecer.
Insthar

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