Sus pies eran masajeados por el agua del mar.
Aún sobre grandes piedras era capaz de disfrutar de la frescura del agua de marzo.
Incluso, alguna osada alga, le acarició sin permiso. Algo que la sobresaltó por un ínfimo momento.
Levantó su mirada, del universo paralelo al que había escapado,
justo en el instante en el que una red de pesca, la atrapó.
Ahora el masaje lo sentía por todo su cuerpo, se sentía flotar,
a pesar de que el agua salada, desbordaba sus pulmones.
Pero incluso, los golpes con las rocas del fondo marino,
las sentía como una fusión enigmática y maravillosa
de esa nueva pasión que eran las profundidades.
A veces, heladas, otras especialmente soñadoras e idílicas.
Apenas se veía la luz de la superficie, las aguas eran negras y muy frías,
pero ella conseguía mantener el corazón ardiente.
Un fervor arrollador e infinitamente soñador, que le anclaba al mar.
Transcurridos un tiempo, llegaron a lo mas profundo de ese bello escenario.
La red que le abrazada de lejos, desapareció.
La luz era una quimera en esas oquedades olvidadas,
apenas nada paseaba por allí, tan solo había frio y soledad.
En ese travesía, aprendió a respirar bajo el agua, a comer plancton,
incluso a nadar sin mover sus extremidades, pero nada fue suficiente,
porque no nadaba como un pez, si no como una sirena.
Incluso, aprendiendo todos los secretos de los peces, nunca fue uno de ellos,
siempre fue una humana con cola de pez y enamorada de las utopias.
De aquella creencia vana de lo que quieres solo necesita más trabajo,
más ímpetu ,mas tú.
Curiosamente, llegando a ausentarte de ti.
Porque cuando debes de perder tu esencia para conseguir lo que deseas,
quizás dejas de ser tú para disfrazarte de aquello que te quieres demostrar.
Rodeada de vacío, negrura, y desilusión, abrió los ojos, estiró los brazos,
y comenzó a nadar.
No veía la luz pero si sentía su destino.
Y, a pesar, de que boqueaba como una caballa moribunda ,
consiguió llegar a la playa.
Tardo mucho tiempo, en poder caminar como antaño.
La respiración entrecortada, le transportaba a ese tiempo mecida por la marea.
Los pulmones no podían coger aire, pues anhelaban la sal.
Toda esa sal que había guardado en su cuerpo salió por sus ojos.
Lágrimas que surcaron sus mejillas, hasta caer en su pecho,
aquellos que había sido amados en otros tiempos.
Muchas lágrimas murieron en su piel, otras en la arena,
algunas todavía no han caído pero caerán.
Porque si algo te enseñan las lagrimas es que drenan tus sinsabores,
hasta volver a dejar un jardín bajo tu piel,
un hermoso terreno con un riachuelo donde fluya el agua,
entre rocas y pequeñas cascadas, incluso duendes que se tiren de cabeza desde la orilla,
o hadas que hagan rafting con hojas de platanero.
Y todo eso, vive bajo mi piel, a pesar de que una vez, baje a las profundidades del mar.
Siempre que tengas una dirección, un destino , no estarás perdido.
Quizás dirijas tu atención a la dirección equivocada,
pero mientras tus pies,
indiquen tu horizonte,
no estarás perdido.
Insthar
19/08/26



