lunes, 4 de mayo de 2009

IMPONENTE


Una mañana paseaba distraída por el lago de mi bello pueblo.Una pequeña aldea bañada por un riachuelo, que en ocasiones se convertía en serpiente de agua adentrándose sin llamar en las casas y arrasando lo que encontraba a su paso.
Una inolvidable alameda te da la bienvenida .Nunca podre olvidar esa espigada figura, elegante en sus ondulantes movimientos que provocaba en el visitante una sensación de ligereza, de ingravidez, y la frescura de sus hojas que te regalaban una sonrisa a tu paso. Era un pueblo pequeño, casi insignificante pero especial.
Me dirijo a un lugar escondido tras la montaña, sigo el curso del rio hacia su nacimiento .Me acerco a un lago bordeado por rocas, donde de pequeña jugaba con mis primos. Allí está lo que busco .Mi roca. Hace más de veinte años que la descubrí, estoy segura que esta allí desde mucho antes. Desde el primer momento supe que era única, que no encontraría ninguna otra como aquella.
El primer día que la vi estaba resplandeciente, bañada por el manantial que manaba de la montaña, irradiaba un color verde que obligaba a posar la mirada en ella .Absorvía tus sentidos por su fuerza y belleza. Era rotunda, imponente, energica .Ninguna otra piedra deslumbraba como ella.
Pasaban los años, y el roce del agua en su forma, empezaba a hacer mella .Su coraza disminuía pero su energía, su poder aumentaba .No importaba que reto arduo y difícil se le cruzara por su camino, ella podría enfrentarse a el y ganarlo. Pero inevitable es el paso del tiempo .Y las gotas de agua, el viento que abofeteaba su rostro, la nieve que se apoyaba en su espalda cada invierno sin compasión, acabaron por deshacer su fuerte caparazón .Por los designios del destino se fue desprendiendo de sus capas, minimizando su estructura. Fue un rayo, hinchado de maldad y rencor, el que le cayó con toda su fuerza y atravesó su alma, como una daga, deshaciéndola en pedacitos
De mis ojos azules brotaron gotas de mi ser, que cayeron en la superficie de mi roca herida, acaricie su cuerpo destruido por las inclemencias y le conté lo que significaba para mi .Ella. Esa piedra, mi piedra. Note una leve sonrisa, incluso unos ojos que agradecían mis palabras pero la roca seguía hundida en el desconcierto.
Me marche y volví a la mañana siguiente .Ella seguía allí pero un pedacito de su cuerpo estaba mas cercano a ella. Estaba rodeada de 5 piedrecitas, de distintos tamaños, que le ayudaban a volver a su estado natural. No seria un trabajo fácil, pero sabia que lo conseguiría pues a pesar de estar rota, su esencia perduraría por siempre.
Ha pasado mucho tiempo y ha vuelto a brillar con intensidad, su envoltura luce un color esmeralda que enloquece, una luminosidad que despierta los sentidos y esa fuerza que atrae y embelesa. Es mi roca y es única.
Insthar Malar
(10/09/2008)
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