jueves, 21 de mayo de 2009

CONDENADO



Camino hacia la cafetería habitual, con paso decidido y rápido. Esta mañana comienza mal ,el despertador no ha querido cantar para mi, y ser el trovador que me despierte de mi dulce sueño. Desde que he saltado de la cama, al cerciorarme de lo tarde que era, tan solo pienso en mi suerte. Si hoy el destino estará de mi parte o me abandonara, como en los últimos tiempos.
Me paro delante de la cafetería y un respiro se escapa de mi estresado cuerpo .Miro a la mesa donde habitualmente me siento a desayunar y una estrellita se ilumina en mis ojos, al encontrarla vacía. Entro en el local mirando el reloj. “Bien, he llegado a tiempo”. Tomo asiento y le pido un zumo de naranja al camarero. Estoy nerviosa, no quito la mirada a la puerta de entrada, pero Él no llega. Parece que nuevamente el destino no esta de mi lado, me termino mi desayuno y me acerco a la barra a pagar. Ya estoy acostumbrada a que la suerte no me acompañe y aunque las estrellitas que brillaban en mis ojos se han marchado ya, no me extraño de la deprimente conclusión.
Buscando la cartera en mi bolso y rodeada de pensamientos grises, noto que alguien se pone a mi lado. No le presto atención, pensando que será alguna cincuentona con mil excusas para colarse, pero mi olfato me alerta de que no es así. Cierro los ojos y aspiro ese perfume cautivador. Con una mirada escondida me cercioro de que mi suerte ha cambiado. Es él.
El corazón comienza a bombear, mis piernas tiemblan, nunca había estado tan cerca de esa mirada tan hipnotica. Este era mi momento .Ahora o nunca. Un rio de poder se esparcía por mi cuerpo, imprimiéndole un calor que sonrojaba mis mejillas. Me deshice del abrigo dejando al descubierto un mini vestido violeta que exhibía mis tonificadas piernas y dibujaba mi estilizada figura .Me humedecí los labios y con un sensual gesto me aparte mi melena azabache de la cara, liberando de la oscuridad a mi mirada azul.
Roce mi cuerpo ligeramente contra el suyo, mientras alargaba mi brazo para hacerme con un azucarillo. Lancé una atrayente mirada. Una sonrisa picara y enigmática vestía mi tentadora boca. Tras unos segundos, y segura de que tenía su atención, me dispuse a marcharme del local. Con mi mano acaricie su musculoso brazo y le susurre al oído: “Sígueme”.
Con paso decidido y provocador caminé por la avenida hacia mi destino. No mire atrás, ni decelere el paso. Era mi apuesta y hasta el último momento no sabría si era ganadora. Me adentré en un laberintico jardín, y busqué el mejor lugar para mi encuentro. En el centro del jardín se encontraba un palomar antiguo pero bien cuidado, reformado como museo. Me senté en un banco bajo unos frondosos y centenarios arboles. Le esperaba y llegó.
En su mirada se mezclaba la excitación, el misterio y la incredulidad. Se acercó a mí, despacio, sin desviar su mirada de la mía. Intentaba buscar explicación , no comprendía porque con tan solo un susurro había caído bajo mi influjo. No podía irse y no entendía porque. Le acaricie el rostro mientras una sonrisa traviesa reflejaba mis pensamientos. Sigilosamente fue atrayéndolo hacia mí, y me senté en su regazo. Estaba bajo mi poder, hechizado por mi esencia. Cual vampiro agarre su pelo y eche su cabeza hacia atrás dejando al descubierto su apetecible cuello .Lo recorrí con mi lengua y le bese cerca de su oreja. Notaba como su cuerpo se tensaba, como el calor se apoderaba de él, y la bestia tomaba el control. Le bese en los labios despacio, suavemente hasta que apareció, por fin.
Sus manos acariciaban mi espalda con fuerza imprimiendo su fiereza en ella, sus besos suaves y delicados se trasformaron en una sed insaciable que no cesaba .La pasión se apodero de nuestros cuerpos. Me cogió fuertemente, rodee mis largas piernas por su cintura, y sin cesar de besarnos me llevo al interior del museo, a estas horas vacio.
Apasionados besos, pequeños mordiscos que buscaban arrebatar la esencia del contrario, caricias que aumentaban más si cabe el fuego que nos corroía. Poco a poco, las ropas caían presas de las llamas de nuestros cuerpos, quedándose relegadas a roídos y calcinados harapos.
Dos cuerpos desnudos danzando en un baile de pasión desenfrenada y deseo infinito. Dos cuerpos dirigidos por un instinto. Dos estrellas fugaces que al chocar, al encontrarse han explotado en el universo formando un bello espectáculo.
Un baile sensual, rítmico y delirante que nos arrastra a un mundo onírico, donde el gozo, el placer es tu destino. El sensual movimiento de mis caderas produce un delirio indescriptible en él, la visión de su escultural torso embriaga mis sentidos. Pequeños jadeos se escapaban sin remisión de mí ser, inmersos en un viaje al infierno más ardiente donde las llamas tuestan nuestras carnes y arrebatan de nuestras gargantas gritos desesperados, gemidos insolentes y clemencia. Leviatán se apodero de nuestros cuerpos, entro en nuestra mente para descansar bajo su protección, nos llevo de su mano al triunfo supremo.
Abrazados descansamos de este viaje al infierno.
Recojo mis cosas y me acerco a el mientras se abotona la camisa. Le abrazo por la espalda y le muerdo el lóbulo de su oreja .Antes de que se de la vuelta, yo… ya no estoy.
Solo, desconcertado pero radiante solo piensa en volver a verme. Lo que desconoce es que ha caído en mis redes. Esta hechizado. Esta maldito a buscarme en la multitud, a desear verme a cualquier momento, a que cualquier morena de ojos claros le recuerde a mi. Esta maldito a desearme, a quererme, a soñar conmigo sin poder tenerme .Esta condenado al cruel destino y a mis deseos.


Esta condenado.


Insthar Malar

(07/12/2009)
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