miércoles, 20 de mayo de 2009

SIMLUTH




Luce el sol en un cielo límpido .Estampa idílica de una mañana, en un pueblo de la costa mediterránea. En las calles solitarias, tan solo vuelan las hojas de un otoño recién comenzado. En una arboleda cercana, se escuchan unos chasquidos inquietantes, como si pequeños piececitos quebraran las débiles ramitas ,que yacen abandonadas de esperanza en el suelo del bosque.
Un estruendoso sonido salió de entre los arboles, una explosión tímida pero contundente .Un color amarillo ilumino el cielo formando unas palmeras que descendían hacia el suelo. Y se hizo el silencio. Pequeños duendecillos correteaban de un lado a otro, escondiéndose detrás de los arboles, entre risas divertidas y nerviosas, cuando una nueva explosión tiño de rosa el cielo. Duendecillos saltaban de las ramas de los arboles, salían de sus escondites bajo la tierra, algunos volaban a lomos de simpáticos jilgueros .Todos corrían hacia el mismo lugar, el claro del bosque.
En el centro del claro, se encontraba el brujo de las montañas azules, Simluth. Cada luna nueva, visitaba el bosque de Swalior ,para ayudar a sus habitantes y recargar sus energías mágicas, con una ceremonia. Esta comenzaría cuando la luna apareciera, iluminando la noche con su resplandor. Pero antes, serian los fuegos de color y luz los que avisaban a los seres del bosque de la llegada del Mago Simluth.
Poco a poco fueron congregándose en el lugar convenido los duendes, las hadas, los elfos, las inquietas luciérnagas Kool .Todos esperaban impacientes a la aparición, siempre majestuosa, del Gran Mago. El sol huía de la oscuridad para dejar a la luna su reinado. Un amor imposible que tan solo rozaban sus cuerpos cuando el sol daba paso a la luna.
La noche cayó en el bosque, tan solo las lucecillas de las luciérnagas y la radiante luz de la luna daban calidez al lugar, cuando de la nada apareció Simluth. Vestía una capa morada con incrustaciones doradas y una túnica blanca con unas franjas, del mismo color que la capa, en las mangas y en el cuello. En su mano, sujetaba un báculo de madera noble de roble, en uno de sus extremos, se encontraba el nacimiento de la energía mágica, que desprendía una luz blanca de pureza indescriptible. Simluth irradiaba fortaleza, sabiduría y grandeza. Sus ojos de un color verde brillante sabían captar los sentimientos de cada persona a la que miraba, sabiendo que necesitaba su alma.
El Mago levanto el báculo y comenzó la ceremonia. Agradeció a la madre tierra sus alimentos y sus cuidados, al sol su calor que regenera y da vida a los seres de este bosque, a la luna que da seguridad en la oscuridad, al viento que nos hace volar por los sueños, al fuego que invade nuestro cuerpo con deseos, y al agua, que riega nuestras plantas y refresca nuestros días. Simluth sabia que esa noche seria diferente, pues los seres mágicos del bosque deseaban algo muy especial. Por un instante, olvidaron sus peticiones ,para ayudar a dos amantes imposibles a unir sus esencias. El deseo de ese bosque era que el sol y la luna, se miraran a los ojos y por unas horas consiguieran disfrutar de esa pasión. Simluth conocía una única oportunidad para conseguir tal deseo. Necesitaría toda la energía de aquellos seres mágicos para conseguir la unión del sol y la luna. Con el inconveniente de que ellos se quedarían sin magia durante una luna, teniendo que vivir como los humanos exentos de hechizos y brujerías.
Todos que esperaban inquietos la respuesta del mago, saltaron de alegría al escuchar la aceptación de ese reto, mientras Simluth avanzaba, a una roca elevada que le acercaba a la luna. Comenzó un ritual donde todos eran protagonistas, rodeando al mago con las manos unidas, mientras las luciérnagas se posaron en los hombros del Mago para encauzar su energía a su persona.
Del claro del bosque, se izó una luz potente hacia el cielo, donde explotó y se diseminó en miles de estrellitas, que ocultó la luna por unas horas .En una espeluznante oscuridad, los seres mágicos miraban al cielo deseando que consiguieran su propósito. Tras unas horas y con el ánimo decaído, las estrellas comenzaron a diluirse .Fueron cayendo en un espectáculo maravilloso, como si incluso el cielo llorara ante una imagen tan hermosa. Allí se encontraban, la blanca luna y el radiante sol abrazados, disfrutando de cada instante que los deseos les habían regalado. Desde el claro del bosque se escucharon vítores y aplausos. La esperanza viajaba por las manos de los duendes, de los elfos, de las hadas haciendo posible cualquier sueño.
Nunca dejes de soñar.

Insthar Malar

(11/11/2008)
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