martes, 26 de mayo de 2009

SHYA


Hacia poco que había aprendido a volar .Sus diminutas y traslucidas alas se movían lenta y atropelladamente, dando ventaja a sus compañeras que disfrutaban de un vuelo ligero y gracioso. Ella intentaba atraparlas, aleteaba con todas sus fuerzas pero, no era suficiente. Se quedo muy atrasada. Poco a poco ,el sonido de sus risas se iba disipando con el aire y el espacio. Shya intentó captar su atención, sus gritos se fundieron con el aroma del bosque sin chocar con los lejanos oídos de sus amigas. Se quedó sola, en un lugar desconocido .Vago por el bosque buscando a sus amigas, pero fue en vano, pues la luz cada vez más tenue, advertía de la huida del sol.
Asustada se acurrucó en la rama de un árbol. Era la primera noche que pasaba fuera de la colonia de hadas y tenia miedo. Su mente alborotada se quedo paralizada, helada al escuchar un sonido extraño. Se hizo más diminuta, apenas visible en estructura, pero había algo que no podía disimular. Su luz mágica.
Esa noche eclipsaba con su belleza a la luna, que mostraba su disgusto ocultándose tras las nubes. Shya tiritaba de terror, sentía que algo se acercaba y presentía lo peor. En su mente se entrelazaban recuerdos de su casa, de sus momentos más dulces, con las posibles huidas desesperadas de una inminente amenaza. Se aferraba al tronco del árbol, maldiciendo su poder mágico, su luz y sus diminutas alas, cuando una gigantesca y ruda mano la asió de las alas.
En un vano intento de engañar al monstruo que la tenia a su merced, dejo su cuerpo inerte, sus cristalinos ojos se cerraron fingiendo una incipiente muerte, su respiración cesó mientras deseaba que la abandonara en aquel árbol. Los afilados ojos del mal se fijaron durante largo tiempo en la joven hada, esperando que esta desistiera en su plan. Unas carcajadas de superioridad resonaron en el bosque, cuando Shya con la tez morada comenzó a toser. Sus pulmones se desplegaban en busca de oxigeno, su boca se abría raptando pequeñas bocanadas de vida, y pequeñas gotitas se escapaban de sus ojos. Temblorosa miro al objeto de su temor .Tan solo vio oscuridad. Unos ojos negros que conferían terror, unas oscas manos que dañaban incluso en las torpes caricias, una lengua alargada y repulsiva que se acercaba al cuerpecito helado de Shya en busca de su sabor, su esencia.
Todos sus pensamientos de fuga fueron inútiles. Colgada de sus débiles alas tan solo pudo dejar volar su imaginación y evadirse de las artes oscuras. Soñó con un prado repleto de miles de florecillas de colores, correr entre la hierba, chapotear en los pequeños charcos cerca del lago. Sus ojos se fueron cerrando, su luz se fue mitigando, su alegría se fue escondiendo en su interior, su cuerpo perdía su resplandor para yacer marchito colgado de sus alas.
Esos negros ojos brillaron al descubrir su anhelado objetivo, arrebatar la luz a una hada.
Shya anclada en la inconsciencia permanecía tirada en la fría hierba. Ahora la luna si mostraba su rostro mas radiante. Esta se despedía con una maléfica sonrisa, de nuestra apagada Shya y una advertencia en su mirada “nadie lucia mas que la luna”.
El astro rey regresaba de su éxodo y se encontraba con una triste bienvenida. Un ser de luz perecía. Con sus cálidos rayos infundio un calor vital al cuerpecito desfallecido de Shya que lentamente recuperaba las energías, aunque pasarían muchas noches implorando el olvido de esos negros ojos, hasta que lo consiguió, recuperando su luz.

Que la luz no os abandone.

Insthar Malar.

(08/12/2008)
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