martes, 16 de junio de 2009

RABIA



Un collar de hierro aprieta mi cuello. De el cuelgan cadenas que atan mi deseo a un inmenso roble. En un claro del bosque me encuentro luchando con mi vida por acercarme a él.

La rabia condena a mi espíritu, apacible y sereno, a una locura irracional. A la desesperación más amarga y desgarradora. Mis ojos se asoman peligrosamente al vacio del mundo. Como un imán, él los reclama. Su energía los atrae inexorable a su destino.

De mi boca, repleta de colmillos y supurando una mezcla de odio y deseo animal, se cuelan alaridos, voces del submundo de mi mente que enseñan mis más salvajes sentimientos. Mis patas aprietan fuerte la tierra. Cada musculo de mi cuerpo se tensa para acercarme un centímetro más a mi objetivo. Las garras se clavan en la tierra, levantando la hierba y aniquilando las pequeñas florecillas que allí descansan. Cojo impulso y con fiereza me lanzo contra él, mientras de mi garganta se escapan angustiados gritos que descomprimen mi alma de la frustración de mi condena. Pero el roble es más poderoso que mis débiles patas, las cadenas ahogan mi ser, mis deseos se escapan sin poder alcanzarlos.

Caigo al suelo. Mi cuerpo esclavo de la extenuación, destrozado pero no derrotado. Los últimos suspiros de anhelo recorren el umbral de mi alma, en busca del vuelo liberador que sosiegue mi ser. La venganza hierve en mi mirada, en mi mente corretean las neuronas ideando el plan que me de la gloria.

He caído , pero volveré a levantarme hasta alcanzar la gloria.


Insthar Malar

(13/02/2009)
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