domingo, 14 de junio de 2009

RADIANTE



Son las diez de la mañana y las luces de casa se encienden. Es hora de despertar.
Disfruto mirando a las personas escrutando cada objeto apilado en las estanterías, buscando la pizca de magia, un ápice de autenticidad. Buscando aquello que no poseen y desean.
Hace días que a la tienda viene una joven tímida que desprende un aura radiante. Desde el primer día, pasa por mi lado, me mira de soslayo y se marcha al pasillo de papelería. La observo y cada día deseo que vuelva. Es como un ritual. Ella entra, una primera mirada, un acercamiento, una mueca de frustración por la imposibilidad de llevarme con ella y la búsqueda de un dulce, que le arrebate el amargo sabor de un sueño incumplido. Si ella supiera que nada es imposible, que me tiene en su mano, que si mi cuerpo pudiera hablar, le llamaría a gritos y se lanzaría a sus brazos, pero tan solo soy una vela que desea ser prendida.Han pasado meses y cada día veo su sonrisa escondida, cuando se acercaba a mi. Intentando mover mi cilíndrica forma para percibir ese aroma que me embriaga, hice tambalear a mis compañeras de estantería, pero al marcharse su pelo bailo con el aire y desprendió su perfume, a florecillas y miel, que me hizo desfallecer.
Efímeros instantes que me hacen volar hasta el siguiente día.
Comenzaba el verano. Un nuevo día con ilusiones siempre perennes. Mientras despertaba de un sueño mágico, sentí una mano delicada y pequeña coger mi cuerpo. Asustado abrí los ojos y la vi. A dos centímetros de mí, estaba esa sonrisa tímida. Me saco de mi cautiverio y me llevo a su casa. Acomodada en su mano y con la tez apoyada en su pecho, tan solo deseaba no despertar.
Junto a su foto, me colocó con cariño y encendió mi mecha. Empecé a arder .Iluminaba la estancia mientras el fuego consumía mis entrañas. Cada segundo que pasaba, la llama se hacia mas potente, crecía como un rio en días de tempestuosa lluvia. Cada noche apagaba mi mecha con un sutil soplido que sentía como una caricia en mi piel, mientras una hoguera llameaba en mi corazón devorando mi mente repleta de deseos. Así pasaron los días, la mecha siempre prendida mientras me sentía diminuto a tu lado, insignificante ante tus ojos .Poco a poco, el torso imponente menguaba como la luna dejando lugar a una sombra de lo que fue. Mi corazón se derretía del dolor, de la apatía de mi niña de blanca tez .
Una noche dejaste de acariciar mi piel, y la llama de mi ser fue mitigando su calor, su luz ,hasta que no fue tu calido suspiro, sino el frio viento el que me apagó.

Insthar Malar

(11/02/2009)
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