martes, 7 de julio de 2009

CACERIA

Mira una y otra vez a ambos lados, guarda silencio afinando el oído a cualquier atisbo de intrusión en su bosque. Espera temerosa e impaciente, por no encontrar ningún resquicio de los crueles cazadores. La temporada ha empezado, con los primeros rayos de sol, el bosque solitario, mágico rincón de fantasías, se convierte en el escenario de una cruel persecución.
Belya decide adentrarse en un paseo, que no le asegura la vuelta a casa. Los primeros pasos, cautos y meditados, la llevan al lago cercano a saciar su sed, acusada por el temor a yacer en la hierba, regalando al cielo su último aliento. El desasosiego emerge de su mirada, pidiendo al viento, que esta vez, la suerte le guie por el destino. Poco a poco, se relaja la tensión que agarrota sus patas, el corazón decelera su palpitar, la sangre fluye tranquila por las carreteras de su cuerpo. Cierra los ojos un instante fugaz, su atención se centra el dejar libre la tensión mediante un largo suspiro. La alegría le arrebata el sentido, y comienza a botar por el bosque, corre, salta con una inmensa sonrisa en su cara, sus ojos iluminan su camino. Sin percatarse y arrastrada por la pasión de la libertad, se adentra en una zona muy peligrosa. Un silbido lejano llama su atención, obligándola a parar en seco. Estira su grácil cuello, sus orejas altivas buscan mas respuestas, su olfato investiga cada aroma que llega a ella, pero fueron sus ojos los que le mostraron su destino. Acorralada por cuatro orondos cazadores, que acariciaban con ternura el gatillo de su escopeta. Se acercaban a ella, para no perder esa gran pieza. Una hermosa cervatilla, de azul mirada, brillante pelaje, e imponente figura .Un manjar que provocaba en los cazadores que se lamieran sus abruptas bocas, imaginando tener esa tierna carne entre sus manos.
Belya, asustada presentía su futuro. En su mente, se filmaba una despiadada película donde esos salvajes la desprendían de su pelaje mientras aun respiraba, sus oscas manos agarraban su descuartizado cuerpo, como sus lenguas lascivas chupaban la sangre que borbotea de sus heridas. La ira ascendía por sus patas, hasta tocar su corazón, el valor escondió el miedo entre sus costillas, encarcelándolo de por vida. Y corrió, salto sobre ellos y huyó lo mas rápido que pudo…. En el camino una certera bala rozó su cuarto trasero. Con un dolor inaudito siguió su carrera por la vida, mientras le acompañaba una melodía enloquecida, su jadeante respirar, sus patas pisando con fuerza el suelo, y las susurrantes balas que buscaban su muerte.
Herida pero con vida se tumbo en su guarida,

deseando volver a ser libre, aunque... le cueste la vida.

Insthar Malar
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