martes, 8 de marzo de 2011

A LA DERIVA


No podría adivinar, el instante en que todo comenzó. No sabría decir, si fue bajo un sol de justicia, o una tarde de otoño bajo las nubes grises. O una noche estrellada con la luna más luminosa en lo alto del cielo. No sabría vislumbrar, que ocurría a su alrededor ,cuando lo inevitable comenzó a suceder.
Rodeada de otras barcas, algunas grandiosas ,otras más modestas ,pero todas amarradas en el puerto.
Un lazo a la tierra. Un vínculo con las demás embarcaciones, con los pasadizos de madera que conectaban cada amarre, con cada farola que alumbraba el puerto.
Desconocidas son las causas que lo desencadenó, pero la barca desvencijada, flotaba por inercia, arrastrada por la marea que la separaban de la tierra y tan solo protegida por el tímido amarre.
Una cuerda, como un brazo que se alarga desde la madera de la barca, hasta aferrarse a ese gran trozo de hierro, que es la única esperanza para no perderse en el mar.
La cuerda se desliza delicadamente, despacio,liberándo el nudo que la sujeta, mientras la barca siente en sus piezas, como eso ocurre.
No quiere mirar ,conoce su destino.
Ese brazo ,de largas fibras trenzadas que recuerda a una anciana despeinada ,y turbada de brújula estropeada,se va desenredando de las manos férricas ,de aquel que le agarra desde el puerto.
Inevitable, la barca se deja mecer por las caricias de las olas, mientras se aleja de la tierra. El vaivén ,recuerda a la mecedora que intenta relajar los músculos doloridos del anciano que espera, tan solo espera, su última visita.
Las olas elevan la barca y solo en ese instante, puede ver el puerto ,los barcos, su sonrisa y el abrazo de sus hijos. Solo ese segundo, antes de que la ola vuelva a bajar, recuerda lo que el horizonte se engulle con su caída.
Lentamente se aleja de sus recuerdos, de su vida, de su amarre y de los días en que el sol se posaba en su proa, para escuchar el canto de las sirenas, mientras en la popa, ella le sonreía feliz.
No tiene fuerzas, tan solo espera a que la luz se apague para siempre, en que el mar calmo ya no le muestre sus recuerdos nítidos en cada cresta de la ola. En que su corazón de madera no se resquebraje cada dia un poquito más, cuando su cuerpo cae sin remisión hasta las profundidades del mar.
Como poder soportar la cruel condena? ,de saber a ciencia cierta, que estarás tan lejos de la orilla, que ya nunca la verás, ni la recordarás ,que tan solo queda la nada, el mar infinito y salado ,que escuece en tus heridas.
Como soportar el ser consciente que todo ha terminado, mientras las demás barcas, las farolas, los tablones de madera y tu amarre, siguen viendote desde la orilla, y tu ya no les recuerdas ?
Un viaje incierto, despiadado y triste, que deja tu barca en el grandioso océano, a la merced de las mareas, pero con la certeza de que nunca llegará a puerto...ni siquiera las gaviotas volarán sobre ti. Tan solo te queda la soledad, porque tus recuerdos, se han quedado en la orilla ....se han hundido en este mar inmenso.
Una mirada te explica como se siente esa alma. La quietud del cuerpo te mostrará , la incapacidad de acción. Las palabras pierden su sentido ... cuando no se encuentra una solución, cunado lo inevitable toca a tu puerta ...y ni siquiera puedes decidir si abrir o no...porque ya estaba abierta.
Insthar
Publicar un comentario