Le sostuvo la mirada más tiempo del politicamente correcto,
a menos que lo que busques sea, terminar encima de ella.
Y, los segundos que miró sus labios,
que mantuvo la mirada,
sobrepasaron con creces lo estipulado.
Del interior de su cuerpo ,emergió un grito sordo que revolvía sus entrañas.
El deseo devoraba su sistema nervioso.
Sin desviar la atención en ella,
caminó en su dirección
con una cadencia milimétricamente estudiada.
Incluso, al cambiar la chaqueta de brazo
conseguía un halo de sensualidad
que hacía humedecer intimidades.
Frente a ella,
tan solo tuvo que rozar con el dorso de su mano su mejilla,
para que ella volara a su cama.
Y, como decía la canción, “se lamieran las heridas como perros”.
En cada frenético beso,
ella lo adhería más a su anhelo.
En cambio, mientras él lamía su sexo, más se alejaba de allí.
A la mañana siguiente, sostendrían en pulso, una sonrisa
y una resaca que asfixiaba su alma.
Él la volvería a llamar para poder viajar lejos de sus recuerdos,
ella, dibujaría corazones en la arena, esperando su llamada.
Y es que, los perros, siguen lamiendo sus heridas,
hasta ponerselas en carne viva…
Insthar
21/08/26
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